Artículo de opinión de Jon Ken Mizutani, psicólogo colegiado GZ2182
La mayoría de nosotros evitamos la frustración a toda costa. Nos cuesta aceptar la crítica, nos incomoda la posibilidad de equivocarnos y buscamos siempre la validación externa. Sin embargo, lo que no solemos reconocer es que esta evitación constante no solo no nos protege, sino que nos mantiene atrapados en una estructura psicológica rígida y desgastante: un narcisismo silencioso que, lejos de darnos libertad, nos encierra en la parálisis (Baumeister & Vohs, 2001).
Y aquí es donde llega la gran verdad que deberíamos tatuarnos en la piel, en la mente y en cada decisión que tomamos:
“El éxito de una cabeza pensante narcisista es el fracaso como individuo en su desarrollo evolutivo.”
Porque cada vez que logramos evitar la frustración, que conseguimos que nadie nos critique, que todo salga bien, que nadie se incomode con lo que hacemos, nos estamos condenando a no crecer (Kegan, 1994).
La trampa del narcisismo silencioso
La palabra “narcisismo” suele evocar imágenes de arrogancia, egocentrismo o superioridad. Pero existe otro tipo de narcisismo más sutil, más discreto y, por lo tanto, más difícil de detectar. Es el narcisismo de quienes se esfuerzan por hacer todo perfectamente, de quienes buscan ser invisibles para evitar el conflicto, de quienes no toman decisiones por miedo a la desaprobación (Twenge & Campbell, 2009). Este narcisismo no se manifiesta con un exceso de autoestima, sino con una profunda dependencia del entorno y un miedo paralizante al error.
Aquí es necesario matizar algo fundamental: una cabeza pensante narcisista en la etapa adulta no surge de la nada. Es el resultado de que los contextos de vida que ha tenido hasta ahora no han sabido calibrarla ni ponerle límites, lo que ha permitido que su estructura psicológica se mantenga sin cambios.
Una persona que en la infancia y adolescencia no ha recibido suficiente frustración evolutiva, que no ha experimentado límites claros o que ha aprendido a salir siempre con la suya, desarrollará en la adultez una mente que sigue buscando evitar la incomodidad. Y si esa persona además es inteligente, la inteligencia malversada en favor de una cabeza pensante narcisista le dará muchas opciones para seguir esquivando la frustración.
Esto significa que el narcisismo adulto no siempre se manifiesta de forma evidente. Puede disfrazarse en múltiples estrategias de escape, como: el alcohol, la comida, el tabaco, el deporte o cualquier otro ámbito donde la persona pueda regularse sin enfrentar la frustración real.
En lugar de quedarse atrapado en la emoción desagradable y procesarla, encuentra una vía alternativa que le permita evadir la sensación de malestar. Y al hacerlo, refuerza la trampa narcisista: “Me salgo con la mía, sigo evitando la frustración.”
La mente que no quiere cambiar
Nuestro cerebro es un órgano económico. No toma decisiones en función de lo que queremos, sino de lo que cree que nos ayudará a sobrevivir con el menor gasto posible de energía. Y cambiar, salir de la zona de confort, implica un gasto que el cerebro evalúa como demasiado alto (Kahneman, 2011). Por eso, la resistencia al cambio no es pereza ni falta de voluntad: es una estrategia de conservación energética.
Esto explica por qué muchas personas, incluso aquellas que han tomado consciencia de su pasado y de cómo han llegado a ser lo que son, sienten que nada cambia. No es suficiente con entender el origen de un problema; hay que modificar la estructura interna que lo sostiene. Y para eso, la única herramienta real es la frustración (Dweck, 2006).
La frustración como medicina
La sociedad moderna ha convertido la frustración en un enemigo. Desde la infancia, intentamos evitar que los niños se sientan frustrados: les damos consuelo inmediato, les evitamos conflictos, les facilitamos las cosas para que no experimenten el malestar de equivocarse. Sin darnos cuenta, les robamos la oportunidad de desarrollar las redes neurológicas necesarias para tolerar la frustración y, con ello, crecer (Gopnik, Meltzoff, & Kuhl, 1999).
En la adultez, este mismo mecanismo se perpetúa. Nos sentimos bloqueados porque hemos aprendido a evitar el malestar en lugar de gestionarlo. Nos decimos a nosotros mismos que no podemos cambiar porque nos faltan recursos, cuando en realidad lo que nos falta es la capacidad de soportar la incomodidad del proceso (Duckworth, 2016).
Aquí es donde entra en juego la idea de quedar mal voluntariamente. Exponerse a la crítica, cometer errores, tolerar la incomodidad de la imperfección: todas estas son formas de medicina psicológica. Cuanto más intentemos protegernos de la frustración, más atrapados quedamos en el mismo ciclo.
Salir de la trampa
El cambio real no ocurre cuando comprendemos nuestro problema, sino cuando dejamos de evitar la solución. La medicina no está en protegernos de la frustración, sino en enfrentarnos a ella de forma intencional.
Si queremos crecer, tenemos que atrevernos a equivocarnos. Si queremos libertad, tenemos que renunciar a la necesidad de que todo salga bien. Y si queremos cambiar, debemos estar dispuestos a perder muchas veces hasta que el miedo deje de ser un obstáculo (Carroll, 2017).
Si sigues protegiéndote, evitando la frustración, asegurándote de que todo salga “bien”, entonces no estás viviendo, solo estás sobreviviendo.
Por eso, no lo olvides. Repítelo. Escríbelo. Tatúatelo en la piel, en la mente, en cada decisión: “El éxito de una cabeza pensante narcisista es el fracaso como individuo en su desarrollo evolutivo.”
O te frustras y evolucionas, o sigues evitando la incomodidad y te quedas atrapado. Tú decides.
Esquema

Referencias
• Baumeister, R. F., & Vohs, K. D. (2001). The pursuit of meaningfulness in life. Psychological Inquiry, 11(4), 249-251.
• Brown, B. (2012). Daring greatly: How the courage to be vulnerable transforms the way we live, love, parent, and lead. Gotham Books.
• Carroll, S. (2017). The big picture: On the origins of life, meaning, and the universe itself. Dutton.
• Duckworth, A. (2016). Grit: The power of passion and perseverance. Scribner.
• Dweck, C. S. (2006). Mindset: The new psychology of success. Random House.
• Gopnik, A., Meltzoff, A. N., & Kuhl, P. K. (1999). The scientist in the crib: Minds, brains, and how children learn. HarperCollins.
• Kahneman, D. (2011). Thinking, fast and slow. Farrar, Straus and Giroux.
• Kegan, R. (1994). In over our heads: The mental demands of modern life. Harvard University Press.
• Ryan, R. M., & Deci, E. L. (2017). Self-determination theory: Basic psychological needs in motivation, development, and wellness. Guilford Publications.
• Seligman, M. E. P. (2011). Flourish: A visionary new understanding of happiness and well-being. Free Press.
• Twenge, J. M., & Campbell, W. K. (2009). The narcissism epidemic: Living in the age of entitlement. Atria Books.